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Profesionales de calidad: entrevista a la enfermera Amelia Lavín

Más de 2.000 profesionales de la salud han pasado por las 42 ediciones del Curso Formación de Evaluadores para el Sistema de Acreditación que Incorpora ha realizado a la fecha y el cual se ha ido consolidando como uno de los estándares de nivelación, en el marco del proceso de acreditación. A través de este espacio, titulado Profesionales de Calidad, queremos reconocer la dedicación de alumnos destacados, quienes motivados por sumarse a este cambio de paradigma en la salud en Chile, decidieron capacitarse en el área de acreditación y calidad, y así marcar la diferencia en sus establecimientos.

Este es el caso de Amelia Lavín, enfermera de la Pontificia Universidad Católica de Chile y diplomada en Gerontología de esta misma casa de estudios. Con más de 35 años de actividad profesional, principalmente se ha dedicado al desarrollo y evaluación de proyectos de enfermería, a través de la planificación, coordinación y control de éstos, su ejecución técnica y administrativa. 

Dejamos a ustedes el testimonio de esta destacada enfermera, quien participó en nuestro 42 Curso Formación de Evaluadores, realizado el mes de Mayo de 2016, en el Instituto de Neurocirugía. Recuerda que puedes inscribirte para próximas ediciones de este curso desde el siguiente link.

¿Amelia, qué fue lo que la motivó a realizar el curso Formación de Evaluadores de Incorpora?

Fundamentalmente cerrar un ciclo. Sentí que era un deber conmigo misma, para entender y participar desde este escenario que me faltaba y hacer posible una mirada integral al tema de calidad en la atención de salud, un abordaje tan necesario y que afortunadamente, por fin se consolida a nivel país.

¿Cómo fue su experiencia realizando el curso y cuáles fueron los aspectos que más valoró en términos académicos y de contenidos? 

Fue una sorpresa. Descubrí lo mucho que me faltaba en aprendizaje, para obtener un acercamiento a la perspectiva global de los estándares y a la mirada que debe tener un buen evaluador. Es una experiencia sorprendente y enriquecedora.

En términos académicos el curso es exigente, bastante completo en relación a contenidos y sus profesores destacan por trayectoria y preparación. La dinámica de las clases que permite interacción en todo momento, generando interesantes debates y explicaciones y todas las exposiciones con paso práctico y grupal al cierre, hacen que el aprendizaje se concrete más fácilmente.

Sin embargo, aprobar significa mucha lectura, estudio y dedicación, por lo que recomiendo no llegar tarde, no faltar y poner mucha atención.

¿Desde el punto de vista de su profesión, cuál cree que es el principal rol de las enfermeras en el marco del proceso de Acreditación?

Con humildad y reconociendo que el logro final es el trabajo de muchos y un equipo multidisciplinario consolidado, me parece que las enfermeras son el motor detrás de cada institución que acredita; creo firmemente que es la profesión que lidera el proceso en cuanto al “hacer”, mantener y ordenar registros.

¿Cuál considera usted que es la principal contribución de la Acreditación a la sociedad y a los profesionales de la Salud?

Creo que unificar la mirada y el lenguaje en torno a la calidad, es un inmenso aporte para los profesionales y a nivel país, un avance mayúsculo. Es “seguridad en la atención al paciente”, situación en la que algunas veces nos toca encontrarnos. Es una garantía “personal y palpable”, más allá de una ley para todos los chilenos.

Por favor si nos pudiese contar brevemente en qué se encuentra actualmente en términos laborales y si el Curso Formación de Evaluadores ha generado algún impacto en su carrera o donde usted se desempeña laboralmente?

Actualmente, asesoro en forma independiente y part time a una Institución abierta, de especialidad y de alta complejidad, que pretende presentarse muy luego para obtener su acreditación.

Este curso es una poderosa herramienta y ayuda para  implementar los cambios y mejoras necesarias con miras a lograr ese objetivo.

Finalmente, quisiéramos dejar un espacio para que en sus propias palabras invite a otros profesionales de la salud para realizar este curso, fundamentando las principales razones por las que deberían hacerlo.

 Finalmente y como dije antes, el curso es un desafío y una invitación a actualizarse, para no quedarse fuera de la revolución que viene. Trabajar con estándares de calidad es el futuro.

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INTENDENCIA DE PRESTADORES REVELA CIFRAS RELEVANTES DEL PROCESO DE ACREDITACIÓN

La Intendencia de Prestadores de Salud ha publicado relevantes datos respecto al proceso de Acreditación, en su boletín enviado el día 02 de Mayo de 2016.

El primero de los gráficos presentados, da cuenta de un número de 193 Prestadores  Institucionales de Salud acreditados al mes de Abril del presente año según el estándar vigente, de los cuales el 54% corresponden a Atención Cerrada, mientras que un 30% pertenecen a Atención Abierta.

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El documento, también entrega uno de los datos más relevantes en el marco del proceso de acreditación, como son las fechas definitivas de acreditación para los prestadores institucionales, siendo la más próxima el día 01 de Julio del 2016, para los establecimientos de Atención Cerrada de Alta Complejidad.

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Finalmente, el documento entrega cifras referentes al cumplimiento de los prestadores de la exigencia de tener lugares apropiados para la entrega de información a los pacientes en recintos de Atención Cerrada, en el marco de la Ley de Derechos y Deberes del Paciente. De 144 prestadores fiscalizados, un 82% contaban con un lugar apropiado para la entrega de la información a los pacientes, habiendo obtenido mejores resultados porcentuales los prestadores institucionales privados, por sobre los públicos.

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Agradeceremos difundir esta información en sus establecimientos. Agradecemos a la Intendencia de Prestadores por el documento difundido y para mayor información y documentos relevantes sobre el proceso de acreditación, los invitamos a visitar el sitio web del Observatorio de Calidad de la Superintendencia de Salud.

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Disponibles fechas límites para que los Prestadores Institucionales de Salud estén acreditados

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De acuerdo a la publicación del Decreto AUGE realizada en el Diario Oficial el jueves 3 de marzo de 2016,  ya están disponibles las fechas límites para la acreditación de prestadores institucionales de salud en nuestro país, plazos que queremos compartir con ustedes:

Prestadores de atención cerrada de alta complejidad: a contar del 1 de julio del año 2016.

Prestadores institucionales de atención cerrada de mediana complejidad: a contar del 1 de enero de 2018.

Prestadores institucionales de atención cerrada de baja complejidad: a contar del 1 de enero de 2019.

Centros de Diálisis: a contar del 1 de julio de 2018.

Prestadores Institucionales de Servicios de Imagenología de Alta Complejidad: a contar del 30 de junio de 2019.

Laboratorios Clínicos de Alta Complejidad: a contar del 30 de junio de 2019.

Prestadores institucionales de atención abierta de alta complejidad: a contar del 1 de julio de 2018.

Prestadores institucionales de atención abierta de mediana complejidad: a contar del 30 de junio de 2019.

Durante la vigencia del presente decreto los prestadores institucionales de atención Abierta de baja complejidad deberán someterse al procedimiento de acreditación.

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Disponible primer número de Revista Acreditación

Ya se encuentra disponible el primer número de Revista Acreditación, nueva publicación de Incorpora que entrega amplia cobertura de noticias, reportajes y opinión respecto a este proceso que enfrentan los diversos prestadores institucionales de salud de Chile.

En este número,  podrán aprender de la experiencia del Hospital Barros Luco, El Instituto Nacional del Cáncer; conocer la columna de opinión de nuestra directora técnica y experta, Ana María Herrera; como también leer nuestra ya publicada entrevista al Dr. Rodrigo Contreras, co-creador del Sistema de Acreditación, entre otros temas de interés. Si en tu hospital, clínica, consultorio o CESFAM, aún no reciben ejemplares físicos de Revista Acreditación, escríbenos a secretaria@incorpora.cl para solicitar los suyos. 

Para conocer su versión online en pdf, haz click aquí

 

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ENTREVISTA AL DR. RODRIGO CONTRERAS: CO-CREADOR DEL SISTEMA NACIONAL DE ACREDITACIÓN

Cualquiera que escuchara las carcajadas que se producen dentro de sus clases, podría pensar que en la sala se está ofreciendo un café concert y no una jornada de capacitación de un tema tan serio como es la Acreditación. 

Divertido, deslenguado, metódico y riguroso. Podría parecer contradictorio, pero ese es el estilo del Dr. Rodrigo Contreras, responsable del diseño de los estándares de acreditación y la posterior puesta en marcha del Sistema Nacional de Acreditación y Calidad, trabajo que realizó mientras se desempeñó como Jefe del Departamento de Asesoría Técnica de la Intendencia de Prestadores de la Superintendencia de Salud.

Conversamos con este médico cirujano de la U. de Chile y docente de Incorpora en su casa en el Barrio Bellavista, para conocer el trasfondo de uno de los cambios más profundos para la Salud en la historia de Chile, su perspectiva de cómo se están enfrentando el proceso y hacia donde se dirige la Acreditación, esta “guagua” de la que es uno de sus padres y que tiene en pánico a buena parte de los prestadores institucionales de todo el país.

¿Cómo llegó a participar en el diseño del Sistema de Acreditación?

Para ser honesto, de casualidad. Hasta el año 2006 era Director de un Servicio de Salud y me tocaba concursar mi cargo, el cual perdí. Además de lo brutal que es enterarte un mes de Febrero que no tendrías trabajo para Marzo, conseguí dos pegas que significaban que tres días a la semana iba a trabajar a Rancagua y dos a Puente Alto, entonces andaba toda la semana arriba de micros y buses. Estaba siendo un año bien duro y agotador, cuando  en Octubre me ofrecen trabajo en la Superintendencia de Salud, para realizar un análisis bibliográfico de los temas de calidad a nivel mundial.

Me volví un ratón de biblioteca y comencé a mirar qué es lo que hacían los distintos países que desarrollaban algo respecto a Calidad y Acreditación y a partir de ese análisis consolidé un documento sobre el estado del arte de estos temas a nivel mundial. Esta fue una pega bien acotada y específica. El Dr. José Concha, quien era en aquel entonces el Intendente de Prestadores, me pidió que me fuera a trabajar con ellos a lo que accedí.

En ese momento en el país, teníamos el AUGE en funcionamiento, y de sus cuatro garantías tenía tres vigentes: la Garantía de Acceso, la de Oportunidad y la de Protección Financiera. Sin embargo, cuando se le preguntaba a la gente, cuál era la garantía que percibía de forma natural como la más importante, las personas apuntaban a un ámbito más intuitivo que estaba relacionado con la Calidad: que cuando vaya a atenderme le achunten al diagnóstico, que el médico me trate bien, que no se incendie el hospital mientras me están atendiendo…. En ese momento, el Ministerio de Salud no estaba trabajando en dar un cuerpo de normas a esta Garantía de Calidad.

En ese contexto, el Dr. Concha sugirió que desde la Intendencia de Prestadores comenzáramos a trabajar en el diseño de estas normas, para posteriormente generar un acuerdo con el Ministerio de Salud para su validación, que finalmente fue la forma en la que empezamos a desarrollar esto.

¿Cuál fue su enfoque para abordar este diseño?

Nuestra  gracia fue la perseverancia y la paciencia.

En lo personal, yo dejé de hacer clínica hace mucho tiempo, entonces me tocaba ser humilde respecto a los problemas clínicos, porque con los tiempos las cosas van cambiando… Tuve que conversar con los directivos de hospitales públicos, con el sector privado… Tuve que juntarme con médicos de diferentes sociedades científicas, conversar con ellos y tomar apuntes de lo que decían, revisar la bibliografía internacional que había sobre alguna característica incluida en el sistema de acreditación . Un ingeniero con el que trabajábamos, calculó que en este proceso habían participado aproximadamente 3 mil personas, entre los consultados por mail, asistentes a encuentros de discusión y difusión, más los que hicieron aportes en la página web del Ministerio de Salud, ya que no hay que olvidar que estos estándares estuvieron en consulta pública como un año.

Surgió la urgencia de diseñar la Garantía de Calidad ya que el AUGE se veía impresentable sin ella, de hecho ya se habían presentado dos decretos AUGE en que no se hablaba nada de la Garantía de Calidad, hasta que el 2013 finalmente se hizo mención a esta garantía.

¿Qué situaciones se buscaba corregir?

Una de las perspectivas mencionadas en ese momento, estaba relacionada con que había que registrar a quienes estaban habilitados para ejercer profesiones de la salud, porque tu sabrás que aquí eso era una chacra. Cualquiera decía que era médico, te presentaba un certificado de título y después te dabas cuenta, muchas veces a raíz de problemas clínicos con pacientes,  que quien decía ser médico no era médico, o la enfermera que no era enfermera…

Hay casos súper paradigmáticos, como lo que ocurrió con la ex directora de Enfermería de la Universidad del Mar, que decía que era médico, enfermera y tenía magísteres y doctorados. Yo cuando escuché esa historia, me imaginé que sería una viejita arrugada como pasa, pero cuando vi una foto de ella dije “no puede ser tan joven con todo ese currículum”. ¡Y tenía títulos falsificados en la Universidad de Chile!

Era necesario que el Estado de Chile garantizara a toda la población que el profesional que lo está atendiendo es lo que dice ser. Y dentro de la garantía, lo primero que aparece es que las prestaciones AUGE las pueden otorgar solamente profesionales habilitados. Ese fue el origen del Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud, donde tú entras y, con el nombre o rut de la persona, averiguas si es que está legalmente habilitada. Con eso yo creo que hemos disminuido muchísimo el ejercicio ilegal de las profesiones, ejercicio ilegal que en algunos casos ni siquiera hemos podido cuantificar, pero que sospechamos era alto.

Entonces esa fue la primera parte de la garantía, que tenía que ver con los prestadores individuales. El Estado de Chile le garantiza que cada vez que usted vaya al médico, independientemente de que sea una patología AUGE o no AUGE, a ese médico usted puede encontrarlo en un registro computacional que existe en la Superintendencia de Salud, y ver si efectivamente tiene la profesión, y si tiene la profesión, después ver si tiene la especialidad.

¿Y respecto a los establecimientos de Salud?

Empezamos a mirar los temas que eran relevantes para la seguridad de los pacientes y nos hicimos cargo de una solicitud de los parlamentarios, en el sentido de que para empezar a hablar de calidad, hablaríamos de lo primero, primero, y después, de lo accesorio. Y lo primero respecto a calidad es la seguridad de los pacientes.

O sea, no importa tanto que la sala de espera esté fría, que sea inhóspita, que los funcionarios no anden muy bien vestidos o que la comida no sea muy buena, qué se yo…. Lo que nos importa principalmente es que los procesos clínicos que se hagan a los pacientes, sean seguros. Y en eso los parlamentarios hicieron mucho hincapié en la discusión del AUGE en el Congreso.

¿Y por qué los políticos estaban tan pendientes de esto?

Conocían estudios estadísticos realizados en Estados Unidos. A fines de la década del ’90 se hizo un estudio bien serio en ese país, mirando los errores en la atención de salud, personas que se mueren o se enferman más por culpa del sistema y no por culpa de su enfermedad. Sorprendentemente el estudio reveló que en EE.UU. se moría más gente por errores en la atención de salud, que por accidentes de automóvil y por sida. En aquel entonces, a finales de la década del ´90, el sida era tremendamente importante. Así que cualquier situación que generara más muertes que el sida, era catastrófica. A partir de ese estudio se formaron en el mundo alianzas por la calidad y la seguridad de los pacientes. Aparece la OMS con estrategias para mejorar la seguridad de los pacientes como “manos limpias salvan vidas”, “pausa quirúrgica” “evaluación pre anestésica”…Empieza a surgir todo un movimiento por la seguridad de las acciones de recuperación de la salud.

¿Cómo partieron en Chile? 

Nosotros partimos mirando lo que había.

Aquí la Dra. Marisol Concha había estado, ahí por los años ´94, ´95, trabajando algunos estándares de calidad, que tenían una mirada bastante centrada en la estructura de los servicios. Que el pabellón fuera bueno, que cumpliera las normas, que se mantuviera bien Mucho asociado a éso y poco a los procesos clínicos mismos; no tanto cómo se da la anestesia, sino en la calidad de la máquina de anestesia. Eso no sé yo en qué terminó.

Luego hubo también otro esfuerzo liderado por el equipo de infecciones intrahospitalarias al interior del Ministerio de Salud, con un programa de evaluación de la calidad de la atención en hospitales que era el PECAH. Proyecto que tuvo vida corta porque cambiaron las autoridades y las prioridades; además tenía un problema de diseño que lo hacía un sistema muy castigador, era bien difícil que te fuera bien.

Entonces, considerando todos los instrumentos que se habían usado en estas propuestas, lo que se había avanzado en otros lugares, recopilado de la literatura, más una propuesta que alguna vez hubo en el Ministerio respecto a la garantía de calidad en el AUGE, fuimos armando esta nueva propuesta.

¿Existieron diferencias con el modelo que quería el Ministerio de Salud y el que quería la Superintendencia?  

Claro y ahí tuvimos una pelea. Cuando yo llegué me tocó participar en una pelea bien fundacional en realidad. Si tú te fijas el AUGE son paquetes de prestaciones. Por ejemplo, el AUGE del cáncer cérvico uterino establece las prestaciones que se incluyen, su frecuencia, el orden y la oportunidad en que deben ser realizadas lo que puede ser expresado gráficamente mediante algoritmos. Si se centrara la garantía de calidad en cada patología del AUGE, como el cáncer cervicouterino podía ocurrir la paradoja, y eso era lo que a nosotros nos resultaba insoportable, que en un hospital tuvieras una señora con cáncer cérvico uterino, a quien tratabas a todo cachete porque tenía vigente una garantía de calidad, y al lado una mujer con un cáncer de ovario a quien la tratabas de acuerdo al estándar vigente porque no tenía una garantía de calidad AUGE.

Nos parecía que la garantía de calidad por diagnóstico era impresentable y además éticamente inaceptable. Entonces surgió una primera discusión muy fuerte en torno a si acreditábamos prestaciones, haciendo esto que era la postura del Ministerio, o acreditábamos prestadores, que fue la postura que nosotros sustentábamos desde la Superintendencia.

Bueno, finalmente después de esta discusión, como en Chile somos chilenos, no optamos por ninguna de las dos, sino que nos fuimos por la mitad: acreditar prestadores y después acreditar prestaciones y aquí aparece esta distinción, que a lo mejor tú has escuchado, que establece el estándar general y el (o los) estándar(es) específico(s). El estándar general, que se está utilizando hoy, aplica a una institución entera, a un prestador entero y el específico hace referencia a una patología AUGE. Por ejemplo, el hospital Barros Luco está acreditado, con lo cual tú sabes, a modo de ejemplo, que los equipos médicos tienen mantenimiento preventivo, que todos los profesionales son profesionales y están habilitados, que la farmacia tiene cierto modo de hacer las cosas en forma razonable…Entonces tienes esta institución que funciona con este mínimo de calidad que es aplicable a toda la institución, por lo tanto aplica a todos sus usuarios. Si aparece una paciente con cáncer cérvico uterino ¿qué otras cosas yo necesito garantizar? A modo de ejemplo: Primero, que el ginecobstetra que atiende a la señora tenga una formación, por ejemplo, en patología cervical. Segundo, que el laboratorio que hace el Papanicolau esté acreditado, y tercero, que las drogas neoplásicas que yo uso después sean las mejores de acuerdo a la evidencia disponible.

Entonces, sobre esta garantía que pesa sobre el Barros Luco entero, yo aplico una garantía mucho más acotada y “específica” sobre la patología, porque ya garanticé a todo el hospital.

Como el estándar para las instituciones completas era nuestra propuesta, trabajamos y la defendimos a morir y nos fuimos por ese lado primero. Una vez que terminamos eso, lo validamos y empezamos a trabajar en los estándares específicos. Al momento de mi alejamiento de la Superintendencia un grupo muy grande de estándares específicos quedaron desarrollados como borradores finales.

¿Hubo consenso sobre esta necesidad de cambiar, sobre todo con el tema del estándar general de los prestadores, o se encontraron con resistencia en el camino para poder implementar este tema?

En este período en que nosotros diseñábamos la cosa, íbamos a terreno y conversábamos con los prestadores. Lo que ocurría naturalmente era que uno se vinculaba con las personas interesadas en el tema y uno podía quedarse con la falsa percepción de que la seguridad de los pacientes era una cuestión que penetraba profundamente en el alma de las instituciones, pero no. Yo creo que hay que ser bien ubicado. En las instituciones en general hay pocas personas interesadas en estos temas.

Tenemos una resistencia al cambio bien importante por cuestiones culturales. La justificación clásica: “yo he hecho esto así y siempre lo hice así y nunca me fue mal…”.

Cuando se plantea “necesitamos estandarizar este procedimiento porque esta clínica es responsable solidaria de lo que hacen sus profesionales” la cosa cambia. Antes el doctor venía a la clínica y te atendía… Resulta que tuviste problemas con el doctor, quien tuvo un evento adverso. Ahí tú te tenías que entender con el doctor, y la clínica tomaba palco. Hoy día no. A la clínica hoy día le importa que el doctor lo haga bien y para que lo haga bien, la clínica tiene que tomar decisiones clínicas. “¿Cómo vamos a operar las vesículas aquí? ¿Las vamos a operar con este sistema que es más caro, pero que disminuye los riesgos o lo voy a operar con esta otra técnica quirúrgica que es a cielo abierto, que aumenta las infecciones, pero es más barata?”. Tenemos que tomar una decisión como institución. Entonces, esa decisión que antes era de cada prestador individual, “yo opero como a mí me gusta”, ahora no corre y los directivos de los prestadores te dicen “si usted quiere trabajar con nosotros, usted tiene que operar así, y si usted no está dispuesto a trabajar así, usted no puede trabajar con nosotros”. Es  un cambio bien radical, en el sector privado en particular.

En el sector público en general la cosa funciona más normada, porque hay más trabajo de equipo; los profesionales se encuentran periódicamente y de alguna manera van estandarizando su forma de hacer. Pero en una clínica hace diez, quince años, cada uno iba y hacía lo que quería o lo que su mejor juicio le indicaba. Hoy día no, porque el responsable de lo que pase en la clínica, es el director de la clínica.

Volviendo a tu pregunta, para los clínicos, los que están atendiendo pacientes, este tema de la calidad suele ser una complicación. Cuando entienden y se meten en la cuestión y comprenden que en realidad le simplifica la vida, enganchan. Pero en eso te demoras tiempo, porque tienes que demostrar que en realidad eso ocurre.

¿Cuál fue la respuesta que usted pensó que el modelo de Acreditación iba a tener por parte de los profesionales de la salud? ¿Esta varió cuando esto ya se puso en marcha, particularmente en el gremio médico desde su punto de vista? 

Mira, se asume que estas cuestiones de la calidad es “cosa” de las enfermeras y con suerte de las matronas. De repente también de tecnólogos médicos… Pero los médicos participan poco del tema.

Yo creo que aquí hay un tema que pasa también por la formación ética que adquieres en la vida en sociedad. Estamos en una sociedad súper individualista, donde el logro se mide por el tamaño del auto, el éxito por quien gana más y yo tengo la impresión que los médicos han sido víctimas preferentes de este sistema. Entonces el rol en la vida de los compadres es producir plata aunque no tengan tiempo para vacilar su casa en la playa, porque están trabajando como enajenados. Yo intuyo que esta cultura donde nada importa mucho, salvo la producción de cosas materiales y tener un buen pasar en la vida, repercute en que pocos médicos se están preocupando realmente de los pacientes.

Siento que se ha perdido la perspectiva de que estás tratando con un paciente que tiene un contexto y una familia. En ese sentido creo que el equipo de enfermería, no hablo sólo de las enfermeras, sino que todo el equipo de enfermería, tiene mayor cercanía con los pacientes por una cuestión súper práctica: están con ellos todo el día y observan a los pacientes, quienes les expresan sus necesidades básicas…“Señorita, páseme la chata”. ¿Cómo no hacerse cargo de eso?

El médico está más lejos de estas necesidades humanas de los pacientes, y por lo tanto los temas de calidad le suenan más lejanos. A las enfermeras les calza bien, porque ellas son las que están todo el día y además de conocer las necesidades de los pacientes, tienen una mirada técnica, crítica, sobre el quehacer médico, porque entre los médicos no se da mucho la crítica. A mí me parece que a las enfermeras les fluye más naturalmente: se hacen cargo y se quedan ahí, o se dan cuenta de cuándo las cosas se están haciendo mal, por lo que les calza bien la seguridad de los pacientes. Es parte de su rol.

Para los médicos es una cuestión nueva y he visto a pocos interesados. Yo siento que los médicos que he visto, se meten y están un rato y salen y se vuelven a meter un ratito y vuelven a salir, pero yo a pocos conozco comprometidos permanentemente.

¿Eventualmente se van a subir al carro de la Acreditación los médicos?

Es que se tienen que subir. Porque toda esta cosa de la seguridad de los pacientes además está cruzada por cuestiones médico legales, a las cuales los médicos son muy sensibles.

Gran parte de los protocolos son protocolos de conductas médicas. Ahora, por ejemplo, estoy revisando un protocolo de evaluación pre anestésica hecho por una enfermera y una asistente social, y eso no puede ser. ¡Si esto es una práctica médica! La enfermera súper bien intencionada, quiere hacer lo mejor del mundo, pero lo que se necesita es que quienes tienen que ejecutar ese protocolo, que son los médicos, estén presentes en el diseño del protocolo, para que hagan una cuestión que sea razonable para ellos y segura para los pacientes.

Yo creo que va a ser imposible que tú tengas a todos los médicos de una institución “engrupidos”, pero yo creo que con un número crítico, andas. En un hospital de unas cien camas, donde hay veinticinco médicos, a lo mejor con ocho médicos, bien metidos en la cuestión, estás. El resto seguirán siendo los doctorcitos clásicos de siempre, pero tienes ocho que son capaces de hablar con ellos, de enrostrarle sus errores u omisiones, de pedirles pegas específicas, solicitarles parámetros o estándares.

¿Con qué se quedaron pendientes cuando estaba la Superintendencia? ¿Se ha generado algún tipo de cambio del espíritu original que ustedes tenían con este diseño o hay una continuidad con el trabajo que venían desarrollando?

No sé si es un juicio, un prejuicio o un dolor, pero tengo la impresión de que se ha ido perdiendo la perspectiva del paciente. Porque todo esto, finalmente, la orientación que tiene es para el paciente y de repente yo siento que la cuestión tiene una cierta tendencia a burocratizarse, más allá de que se cumpla con las intenciones que uno tenía cuando se generó el estándar.

Cuando hacemos las clases con las “Anitas Marías” (Ana María Herrera y Ana María Cambón, docentes de Incorpora), siempre hacemos mucho hincapié, antes de meternos en la característica, en explicar la intención de la característica. Y la intención de la característica es esto que decimos, en pausa quirúrgica por ejemplo, no sólo es que la gente no se complique ni muera por culpa del acto quirúrgico, sino que no haya una cirugía equivocada, en un paciente equivocado o en el lado equivocado. Eso no hay que olvidarlo, porque después cuando vas a terreno a mirar si hacen la pausa quirúrgica, te pones a mirar si tienen el formulario y si efectivamente cumplieron o no cumplieron, pero el sentido de la pausa quirúrgica se perdió entero, porque la pausa quirúrgica la hicieron con el paciente dormido. Hicieron todo lo que había que hacer, tú miras y tienen todo impecable, pero el tema clave de identificar por última vez al paciente, el lado del que lo vas a operar, el órgano que vas a operar, no lo hicieron y la última ocasión que hubo para corroborar con el propio paciente, fue en el pabellón.. La cosa obedece a una explicación más “brutal” y probablemente más sencilla, como decir “mira, este protocolo debe tener todos estos atributos, pero el núcleo es éste y esto no puede faltar” es lo que yo creo que nos faltó, y nos faltó porque debimos en su momento haber escrito un manual de acreditación bastante más completo que lo que logramos desarrollar, por la premura en llegar a un producto final.

A raíz de esto ha habido la necesidad de hacer aclaraciones a las características del sistema, expresadas en los compendios de circulares interpretativas, porque si hubiéramos desarrollado un manual más completo, habríamos disminuido la necesidad de interpretar. Este fue un costo técnico, que fue asumido como tal, para evitar asumir el costo político de no tener garantía de calidad.

¿Se han hecho estudios para monitorear cómo vamos en el tema de Calidad a nivel nacional desde que partimos y el impacto que ha tenido? ¿Cuál ha sido la posición del Ministerio?

El 2008, cuando estábamos trabajando en varios frentes, diseñamos un estudio de base de qué se entendía por calidad, qué se estaba haciendo y qué era lo que había en ese momento. Lo licitamos desde la Superintendencia y lo ganó la Universidad del Desarrollo, que hizo una muestra aleatoria enorme, con prestadores públicos y privados, de Arica a Magallanes. Se demostró que en los temas de calidad y seguridad de los pacientes estábamos en pañales. La idea de hacer esto es medir cómo estaríamos “x” años después. Es una manera súper relevante de medir una política pública, el saber qué impacto tuvo, comparando lo que podríamos encontrar hoy con lo encontrado en el pasado; así que espero que se realice la segunda medición luego.

Pienso que este trabajo que hicimos en la Superintendencia ha tenido un impacto tremendo, al interior de los prestadores  -todavía no estoy hablando de la sociedad- pero al interior de los prestadores, es un tema del cual hoy día se habla. Hasta el menos interesado está obligado a expresar cierta preocupación por el tema de calidad, no solamente en los hospitales grandes, también los hospitales chicos y los centros de salud.

Tiendo a pensar que el esfuerzo comunicacional del Ministerio ha sido escaso, porque creo que desconfían de sus propios hospitales en el sentido que no van a ser capaces de acreditar, entonces pareciera que más vale decir “dejemos esto piola, cosa que el día que quede la escoba no sea tan desastroso”. Pero si nadie se pone exigente, algunos hospitales y otros prestadores deficientes podrían seguir siendo un desastre.

¿Qué cosas considera que el Sistema de Acreditación necesita que se cambien?

Hay un tema que tiene que ver con la gestión del sistema sanitario. Esta cosa que a la gallada le suena paradojal cuando uno va a hablar con ellos y les dice “oye, quiero recordarte que el giro de este negocio es dar prestaciones de salud”.  ¡Hay directores que se van de espaldas! Pero tú diriges una empresa de salud, así que tienes que meterte en esos temas…

Los directores hace mucho tiempo que no se metían en los temas sanitarios. Estaban preocupados de la ejecución del presupuesto, de los temas de recursos humanos, de las inversiones, de las lucas, de las relaciones con los gremios, de las retribuciones del FONASA, y de repente le dices, “tienes que preocuparte de eso, porque esta es una empresa prestadora de servicios de salud y tú, que eres el director, tienes que preocuparte de cómo se está llevando a cabo el núcleo de la empresa. Después hablamos si tienes plata, si no tienes plata, si logras pagar los sueldos, si no logras pagar…”. Cuando tú planteas esta cuestión todo el mundo dice “a mí me parece súper bien, es razonable”. Resulta intuitivo, no hay que explicar demasiado. ¿Pero cómo se hace, si a los directores ya se les olvidó esa cuestión? Entonces al director no le queda otra cosa que armar equipos de trabajo con capacidad de tomar decisiones, de establecer un protocolo. El manual deja abierto a que cada prestador defina cuál es su protocolo. Aquí no hay una norma chilena; para algunas cosas sí, pero para otras cosas no. Por ejemplo, no se plantea una norma de evaluación pre anestésica que se tenga que cumplir, sino que cada prestador tiene que definir cómo va a hacer la evaluación pre anestésica, pero demostrando que esa evaluación pre anestésica efectivamente logra disminuir los accidentes anestésicos.

Los líderes de estas instituciones no tienen clara conciencia del giro del negocio y el giro del negocio es dar prestaciones de salud. Hay tantas cosas agregadas, dado que estamos hablando de una industria súper complicada, donde todo además significa mucha plata, entonces el giro parece ser la administración financiera para que la cuestión funcione bien, pero no.

¿Qué tan importante es que los profesionales se capaciten en el área de Acreditación y Calidad, pensando en el impacto que va a tener en su desarrollo laboral y profesional? ¿Tiene un impacto?

Yo creo que hay por lo menos dos momentos diferentes. Ahora hay que sacar una pega: acreditarse. Los hospitales tienen que acreditarse por ley, y los hospitales de alta complejidad a mediados del próximo año y esa cuestión, exige que tires toda la carne a la parrilla, incluyendo capacitación.

En una mirada de más largo plazo yo creo que todos estos contenidos debieran formar parte de la formación universitaria de la gallada. Venir a hablarle de la pausa quirúrgica a un médico que nunca escuchó hablar de la pausa quirúrgica en toda la formación de pregrado es, al menos,  extemporáneo.

Creo que hay que ir buscando formas de ir permeando las universidades, en el sentido de que no estamos hablando de una cuestión tan loca. Cuando el cabro está en cuarto, quinto año de medicina y está pasando por cirugía, fascinado con esto de entrar al pabellón, hay que enseñarle que hay prácticas asociadas a entrar a pabellón que tienen que ver con la seguridad de los pacientes. Eso yo diría que es para largo plazo y va a tener que formar parte del currículo de todas las carreras que tienen que ver con los pacientes y con su seguridad. Ahora hay que hacer la pega y la pega implica acreditar y que tengas que agarrar gente que no tiene por qué saber de calidad y prepararla. Hoy día, la mayor parte de los profesionales de la salud no tienen por qué saber nada de esto, porque no es exigible, no formó parte de su currículo ni nada. Estando algunos tipos de profesionales más cerca de los temas de seguridad y calidad, como las enfermeras, las matronas y los tecnólogos a quienes, por su formación de pregrado, les calza bien este tema…

Si quieres acreditar un hospital, necesitas una masa crítica de gente en diferentes roles que se ponga a pensar: los que diseñan un proceso, los que lo ponen en marcha, los que procuran el cambio cultural… O sea, ¡es una tremenda empresa! Nadie se acredita en un período menor a dos años, no conozco a nadie que se haya acreditado efectivamente, que haya tenido un período de apresto menor a dos años.

¿Para dónde va el Sistema de Acreditación, pensándolo a futuro, más allá del tema de cumplir las características obligatorias?

Lo que viene a continuación es que todo el mundo se acredite en el primer paso, la primera versión del estándar. Una vez que todos, o una proporción grande de ellos haya cumplido con el estándar expresado en este manual, tendremos un segundo manual que va a ser probablemente más duro, en el sentido que va a incorporar características adicionales -probablemente se eliminen algunas pocas- pero va a ser más duro, porque lo que viene a continuación es el proceso de mejora continua, y cuando tu inicias el proceso de mejora continua, no terminas nunca más.

Entonces tendremos una segunda versión del estándar y posiblemente después una tercera versión del estándar. Este estándar del que hablamos ahora, tiene tres pasos donde tú primero debes cumplir el 50% del total de características aplicables a un prestador, después el 70%, después el 95% y siempre debes cumplir con todas las características obligatorias.

Creo que no es necesario esperar a que todo el mundo llegue a la etapa de 95% de cumplimiento, pero sí un grupo muy importante, porque el estándar que viene a continuación naturalmente va a ser más estricto. Y aquellos que nunca se hayan acreditado, la primera vez que se acrediten lo harán con el segundo estándar y para ellos la pega va a ser más difícil. Por eso importa que un número crítico, el 80% de los prestadores hayan pasado por este estándar como para que tú digas “okey, listo, cambiemos el estándar”.

Hay que incorporar efectivamente en los prestadores una cultura de calidad; que la calidad y seguridad formen parte de las discusiones de las reuniones clínicas, de las discusiones de planificación estratégica para el próximo año. Debiera incluirse definitivamente como un tema relevante de la gestión hospitalaria y, como te digo, desde una perspectiva de mejora continua. Aquí el compadre que se durmió en los laureles, muere.

La otra cosa que yo esperaría que ocurra es que desaparezcan prestadores pequeños de baja calidad. Ocurrió recientemente en una clínica -que a mí no me sonaba ni de nombre- donde estaban limpiando unas fosas sépticas y se murieron tres trabajadores. ¡Por suerte no se murieron pacientes! Como el estándar se preocupa de la seguridad de los pacientes, y no pasó nada con los pacientes, pareciera que no pasó nada, pero el estándar también se preocupa de las personas que trabajan contigo. No puedes estar haciendo la pega con harta calidad para los pacientes y maltratando a los funcionarios al extremo que mueran.

Entonces yo aspiraría a que esas clínicas, qué se yo, no te quiero poner ninguna que exista, pero la clínica “cachupín”, que tiene tres camitas, que atiende unos partitos sencillos, desaparezca porque en realidad es peligrosa. Pareceré psicópata, pero si no se cumple con un estándar mínimo de calidad, no se puede funcionar. Va a llegar un momento en que los pacientes además van a adquirir cierta cultura de acreditación y dirán, “no, yo no voy a esa clínica porque no está acreditada”.

Para finalizar, usted fue uno de los artífices de este enorme proceso de cambio para la Salud, pero ahora le toca verlo desde afuera de la Superintendencia y en el ámbito privado, a través de Incorpora. ¿Cómo ve a su creación, hoy en este escenario?   

Yo creo que estamos haciendo historia, pero hay que tomárselo con calma. He aprendido a calmar mis ansiedades. Cuando yo me fui de la Superintendencia tenía una visión súper crítica, de que se podrían haber implementado cosas que dejamos listas y que era cosa de sacarlas a la luz pública. Pero aprendí a bajar un poquito mi ansiedad y no andar pateando la perra todo el rato, encontrando que todo estaba mal.

Esto es como la guagua de uno, pero la guagua está en la sociedad hoy día y la sociedad es la que va a definir para dónde va la criatura. Uno la puede choferear un poquito más a lo mejor, pero ya no está en tus manos. Yo seguiré haciendo el esfuerzo para que la guagua no se desvirtúe a partir de lo que podamos hacer, en materia de difusión, capacitación y asesoría desde Incorpora, porque el diseño original sigue estando vigente.

talca 8

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